En esta ocasión nuestro entrevistado es un profesor universitario que imparte, desde hace varios años, su docencia en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universitat de Valencia. Se llama ANGEL SANMARTIN ALONSO. Su campo de especialización son los medios audiovisuales y su utilización educativa. En este sentido es uno de los principales animadores de CINEMA JOVE, festival de cine dirigido a cineastas noveles y en el que tienen una notable participación cortos y videoclips elaborados por escolares de toda España. Es también miembro del grupo de investigación CRIE y en estos últimos años investiga la problemática organizativa de las tecnologías de la información en los centros escolares. Le conozco desde hace años ya que somos colegas que enseñamos la misma materia universitaria (denominada Tecnología Educativa) y desde siempre sigo con mucho interés su obra publicada. Cuando leo sus palabras descubro, casi siempre, una visión de la realidad escolar cargada de un punto de ironía ácida, pero necesaria. Gracias, Angel, por tu amabilidad a prestarte a dar respuesta al cuestionario que te hemos planteado para este blog y compartir con nosotros tus reflexiones. Hace más de diez años publicaste un interesante libro titulado "La escuela de las tecnologías" en el que abordabas la problemática de la resistencia de la institución escolar a incorporar las tecnologías audiovisuales e informáticas a la práctica educativa. ¿Qué ha cambiado y qué sigue vigente desde entonces en el ámbito de la escuela con relación a las tecnologías?
En efecto, los cambios tecnológicos son espectaculares, y con ellos las prácticas y hábitos de uso de los ciudadanos y, más aún, de las ciudadanas. No ha cambiado tanto, sin embargo, la relación de la escuela con estos atractivos ingenios en la zona del currículum. De todos modos algo se ha avanzado. Puede que ni las estadísticas ni los inventarios den cumplida cuenta del avance experimentado, pero lo cierto es que ahora la inmensa mayoría de los centros públicos de niveles no universitarios disponen de un buen equipamiento. A diferencia de lo que sucedía hace unos años, en esta faceta mejoran a los centros privados y concertados. La dualidad actual de nuestro sistema escolar, deriva hacia la red pública la función compensadora en relación a las TIC.
La pregunta de antes y de ahora, no obstante, sigue siendo parecida: ¿Qué hacen en las aulas con los equipos tecnológicos? Sin subestimar el trabajo de nadie, la respuesta podría girar en torno a:
a) En cada centro se hace con las TIC lo que se puede o les dejan. En la mayoría de los casos la iniciativa de uso parte de uno o varios docentes, y sólo en unos pocos responde a un proyecto de centro.
b) El trabajo pedagógico con mayor peso es la formación para el manejo instrumental, si bien vinculada a alguna actividad (hacer una revista, la web o un blog). Pero donde realmente las tecnologías se están generalizando es en el ámbito de la gestión administrativa y académica de los centros.
c) Las prácticas que articula la escuela en torno a las tecnologías responde más a la lógica que regula las prácticas sociales de uso que a lo estrictamente curricular o didáctico. Por esto los centros participan con fruición en festivales o concursos promovidos por la Fundación Telefónica, El País, el Banco de España, los ayuntamientos o la Fundación Amancio Ortega.
Una idea que enfatizas e insistes en tu discurso es que los medios y tecnologías deben estar supeditados al método de enseñanza, y no al revés ¿puedes explicarnos mejor qué quieres decir con esto?
Lo mantenía entonces y lo mantengo también ahora aunque, tal vez, en un tono menos enfático. Entiendo que el método es la resultante del proyecto educativo del centro, fruto de la colegialidad y del conocimiento disponible sobre la enseñanza. A partir de esta confluencia, la escuela puede articular estrategias de resistencia no sólo ante la hegemonía del discurso tecnocrático, sino también ante la promoción de determinadas prácticas de uso, ante la fragmentación del proceso de enseñanza y aprendizaje, la externalización o ante la deriva identitaria de la escuela.
Mi pesimismo sobre la viabilidad de estas prácticas de resistencia se funda en la siguiente observación: las tecnologías más desarrolladas, para ser eficientes, se protegen de las interferencias del ser humano. La posibilidad de intervenir en estos procesos conforme a la impronta metodológica, es prácticamente nula. Con frecuencia se dice que ahora lo que se ha de hacer en la escuela es enseñar a los estudiantes a buscar, seleccionar, clasificar e interpretar la información científica disponible en Internet. Bien, pero es que esto lo hacen ya las aplicaciones informáticas de uso en los centros, y lo hacen sin ninguna ayuda ni apoyo de los agentes escolares. Lo cual significa que éstos han de inventar algo distinto para hacer en las aulas, y este es el trabajo aún pendiente.
Has dirigido y participado en distintas investigaciones que han explorado el uso pedagógico de las TICs en las escuelas valencianas ¿qué valoración realizas del impacto y utilización de estas tecnologías en las aulas y centros educativos?
Quiero recordar que desde comienzo de los 80 la Generalitat Valenciana emprendió actuaciones muy novedosas tendentes a fomentar el uso de las TIC en los centros. Fue una de las primeras administraciones autonómicas que puso en marcha una optativa sobre cine, otra de Comunicación Audiovisual y el PIE (Programa de Informática en la Enseñanza). Desde mediados de los 90 todas estas iniciativas se han ido desarticulando mediante políticas erráticas, muchas veces improvisadas y casi siempre aliñadas con actuaciones sólo explicables por el desprecio hacia la cosa pública. De manera que la utilización de las tecnologías en los centros depende, en gran medida, del voluntarismo del profesorado. Hay centros que desarrollan proyectos muy interesantes con las TIC y en otros muchos se hace lo imprescindible: usarlas como “motivación”, como gratificación los viernes por la tarde u obligatoriamente en la gestión administrativa. Pero la responsabilidad de esto no es exclusiva del profesorado. La directora de un instituto nos decía: “La Administración nos sigue dando para gastos de funcionamiento el mismo dinero que hace 2 años, pero es que ahora tengo dos aulas más de informática, otra multimedia y al menos un ordenador en cada departamento. Así que el funcionamiento de estos equipos se lleva casi todo ese presupuesto. Entonces, ¿cómo pago la luz, el agua y los demás gastos ordinarios? Pues restringiendo el consumo y trapicheando con el dinero”.
¿En qué medida las tecnologías están afectando y/o generando cambios en la organización de la escuela, en el aprendizaje del alumnado y en la práctica educativa de los profesores?
En realidad aquí me estás planteando tres cuestiones distintas y bastante complejas, así que para no extenderme demasiado contestaré esquemáticamente.
En efecto, las tecnologías están cambiando y mucho, tanto la organización de los centros como el rol docente y también las formas de aprendizaje. La trama de las organizaciones se vuelca sobre soportes informáticos y telemáticos, imponiendo nuevos protocolos de actuación, secuencias diferentes de tareas para los distintos agentes escolares e introduciendo subrepticiamente nuevos actores en los centros. Un ejemplo. El profesor tutor que utiliza el “tamagotchi” ya no tiene que preocuparse de avisar a los padres para que acudan a una entrevista, eso ya lo hace automáticamente la aplicación informática. Ahora el tutor ha de estar pendiente de que en la aplicación están todos los registros pertinentes y que aquélla los procesa adecuadamente. Con los padres sucede algo parecido.
Cierto que muchos de estos cambios no son aún demasiado visibles y no lo son por dos razones: la presencia intensiva de ciertas tecnologías es tan reciente que todavía no han aflorado sus consecuencias y, en segundo lugar, los estudios y análisis no han ido más allá de cuantificar los porcentajes de equipamiento o valorar las actitudes hacia las TIC de los agentes escolares, sin reparar en que lo fundamental son esas pequeñas mutaciones que las tecnologías inducen en la estructura, en el rediseño de las tareas, en las relaciones, en los sentimientos de pertenencia a la organización. En este sentido hemos de reconocer que los discursos e investigaciones académicas, ante lo inasible del objeto, no han hecho más que loar o censurar la presencia de las TIC en los centros. Y esto es demasiado poco para un fenómeno tan complejo.
¿Cómo valoras el fenómeno de la expansión de la llamada Web 2.0 (blogs, videoclips compartidos, intercambio de archivos, comunidades virtuales, ...) y qué interés puede tener para las escuelas y el profesorado?
Son innovaciones tecnológicas y, en cuanto tales, expresión de la inteligencia humana, con lo cual sólo cabe darles la bienvenida. Ahora bien, tales innovaciones lo son también de las sociedades que las acogen, por lo que habrá que pensar hasta qué punto son pertinentes o no con el modelo de sociedad que queremos. Lo mismo desde el punto de vista pedagógico. Muchas de estas aplicaciones informáticas ya se están utilizando en los centros escolares, aunque no de forma generalizada. ¿Quienes las utilizan mejoran sus rendimientos académicos? ¿Son por ello mejores ciudadanos y ciudadanas?
En cualquier caso, no debemos perder de vista que ni esas innovaciones están pensadas para la escuela, ni desde ésta se utilizan para aprender más, sino para participar en el rito de la novedad tecnología como adhesión al signo de los tiempos. Es como quien acude a un curandero con una enfermedad, sale de la visita sin dolor pero con la patología sin curar. De todos modos, estamos obligados como docentes a conocer estos avances para modular y dar la oportunidad de utilización, siempre en el marco de un proyecto más amplio.
Desde hace varios años participas en el equipo organizador del festival de vídeos denominado CINEMA JOVE en Valencia. Dentro del mismo existe una sección de audiovisuales elaborados por alumnado y docentes. ¿Cómo valoras el grado de participación de estos escolares y la calidad de los productos que presentan al festival?
Cinema Jove es un festival internacional de cine para jóvenes directores y directoras (
http://www.cinemajovefilmfest.com/), dentro del cual hay una sección oficial –Encuentro Audiovisual de Jóvenes- en la que concursan producciones escolares cuyos directores/as no han de pasar los 22 años. En la edición de 2007 recibimos cerca de 200 producciones de 124 centros escolares localizados en las distintas comunidades autónomas. Es una participación que desde la organización valoramos como satisfactoria, pues nuestro festival es de bajo presupuesto y no podríamos acoger muchas más producciones. Aun así sabemos que nos llega una pequeña parte de lo mucho que se produce en las aulas de nuestro sistema escolar.
A partir de la muestra de cortometrajes recibidos sí se pueden aventurar algunas consideraciones que ahogo estrictamente a título personal: a) año a año las producciones mejoran la calidad técnica: sonido, efectos, fotografía, montaje e incluso en la interpretación de actrices y actores; b) esta evolución no se corresponde con la calidad expresiva y narrativa de sus relatos audiovisuales (se preocupan más de que el corte entre un plano y otro sea limpio que del significado que emana de la unión de tales planos); c) la mayoría de los trabajos, como los mismos autores reconocen, se hacen sin guión o con una sinopsis sobre lo que pretenden comunicar; d) sirva como atenuante que casi todos estos trabajos son extracurriculares y además extraescolares, fruto de la dedicación y buena voluntad de uno o dos profesores, de algunos padres y de un puñado de alumnos verdaderamente entusiasmados con una idea o con lo que son capaces de hacer con una cámara y un ordenador durante un fin de semana.
¿En qué medida este festival es un buen pretexto para formar al alumnado en la cultura audiovisual?Desde luego que nos gustaría cumplir con esa función, pero la realidad es otra. Cierto que en nuestro Encuentro presentaron sus primeros trabajos directores como Juanma Bajo Ulloa, Pablo Llorens, Santiago Segura o Paco Plaza, entre otros. ¿El haber contribuido a la promoción/formación de estos directores justificaría nuestra sección? Mi respuesta es no. Ahora bien, no podemos perder de vista que, pese a todo, lo nuestro es un festival que se convoca una vez al año durante tres días, y la mayoría de los escolares –no así el profesorado- participa en una sola convocatoria.
Lo que llamas “cultura audiovisual” es algo sumamente complejo que requiere un trabajo continuado y, por tanto, eso nos remite de nuevo a los centros escolares. Durante el Encuentro invitamos a especialistas para que les hablen del encuadre, la continuidad, la planificación de secuencias, la iluminación o los efectos de sonorización, pero luego, con calma, deben trabajar sobre cada una de estas cuestiones; además de ver mucho cine, mucha pintura... Y esto es competencia de los centros, no de un festival.
Ahora bien, sí es cierto porque así lo reflejan nuestras encuestas de valoración, que el Festival es una motivación, a veces la única, para que en un centro se trabaje sobre un proyecto audiovisual durante unas semanas o unos meses. Quizá por esto Cinema Jove está ya preparando su 23 edición, trayectoria con la que cuentan muy poquitos festivales europeos de su categoría.
Para finalizar, ¿cómo te imaginas las escuelas dentro de pocos años? ¿seguirá existiendo el monopolio de los libros de texto o serán sustituidos por diverso tipo de materiales curriculares digitales?
Tengo dificultad para pensar cómo será la escuela dentro de un tiempo, porque tampoco entiendo bien la de ahora. Sí es evidente que la escuela, como otras muchas organizaciones coetáneas, son ya OGM (Organismos Genéticamente Modificados). Pido disculpas por la metáfora tecnobiologicista y me explico. Hay “genes” de la escuela que ya han mutado y cito alguno: los escolares llegan a las aulas con un bagaje de uso tecnológico que es parte de su constitución como sujetos; el rapidísimo desarrollo de la electrónica de consumo hace que la “brecha” entre jóvenes y adultos (alumnos y profesores) sea ya un componente estructural de la heterogeneidad de las aulas y, por citar otro “gen”, la migración de muchas tareas de gestión y administración de los centros a sistemas informáticos supone la adhesión al postfordismo y, de paso, ponerse en sintonía con la ideología neocon tan bien defendida desde la OMC.
¿Cómo evolucionarán estos “genes” en el futuro inmediato? Es una incógnita, pero no me cabe ninguna duda que lo hará de acuerdo a variables como: prioridades en la innovación tecnológica, posicionamiento de las políticas públicas ante la educación, cómo la institución y los agentes escolares redefinan el sentido de pertenencia a la misma, etc. En cualquier caso, la presencia de los recursos y materiales digitales, sin ninguna duda, estarán cada vez más presentes en las aulas, mientras que los libros, sean o no de texto, perderán presencia en favor de esos otros materiales. El problema es si éstos y sus contenidos adoptan el formato de los libros de texto, cosa que ya está sucediendo. Mientras la escuela sea tal, necesitará de materiales disciplinares y disciplinarios, el que sean en soporte papel o electrónico es cuestión del mercado.