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19 febrero, 2014

Entrevista: "MOOCs, Flipped, gamificación ... más ruido que realidades tangibles "

Acaba de publicarse una entrevista que recientemente me ha realizado Carlos González Ruiz en InnveryCrea que agradezco y reproduzco a continuación:

Hoy traemos a este espacio una entrevista al profesor Manuel Area, Catedrático del Dpto. de Didáctica e Investigación Educativa en la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna (España) en donde que imparte la materia de “Tecnología Educativa”. Puedes acceder a todo su curriculum en su página WEB.
Personalmente, Manuel Area ha sido uno de mis referentes en mi carrera como alumno, docente e investigador. Ha sido un auténtico placer poder entrevistarle. Hemos hablado de tecnología educativa, " nuevas metodologías", herramientas... pero será mejor que la leas.
1-Como experto en tecnología educativa desde hace muchos años, ¿Cuáles crees que son los retos que tiene por delante esta disciplina?
La Tecnología Educativa es una disciplina que tiene más de cincuenta años de existencia. Empezó con los usos educativos de la radio, el cine y los audiovisuales en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. En los setenta empezó a divulgarse en España a través de los ICEs (Institutos de Ciencias de la Educación) que impulsaron las divisiones de Tecnología Educativa. Hoy en día con la expansión de las tecnologías digitales y sobre todo Internet, la disciplina cada vez tiene mayor relevancia ya que las TIC están presentes en casi todas las formas y modalidades de educación: en las escuelas, en las universidades, en la educación de adultos, en la formación profesional, en la educación a distancia, etc. Los retos son muchos, pero destacaría lo siguiente: transformar el modelo de educación bancario, estandarizado e individualista que siempre hemos desarrollado, a otro modelo educativo basado en la experiencia activa, en la flexibilidad y en la colaboración social.
2-Eliminación del programa “Escuela 2.0”, recortes en la educación pública… ¿Cómo pueden afectar estas cuestiones al desarrollo e implementación de las TIC en las escuelas?
Es evidente que los recortes económicos en las políticas educativas, a corto y sobre todo a medio plazo, van a generar deficiencias y dificultades en el quehacer diario educativo. Esto, con relación a las TIC, pronto comenzará a notarse en los centros ya que si no se renuevan los equipamientos tecnológicos éstos se convierten en obsoletos. De modo similar, ocurre con las telecomunicaciones. Muchas aulas tienen un acceso lento y dificultoso a la red wifi lo que entorpece la realización de actividades de aprendizaje online. Yo me imagino que en pocos años, si no se mejoran las inversiones en tecnología, comenzará a producirse una brecha digital entre las escuelas públicas y las privadas, al menos, con relación a la calidad de los recursos tecnológicos disponibles.
Es interesante también señalar que una tendencia creciente es que los propios alumnos lleven sus dispositivos tecnológicos a clase (lo que en EEUU, se denomina BYOD: Bring Your Own Display) sean una tablet, miniportátil o Smartphone lo que indudablemente también marcará diferencias entre el alumnado de familias con niveles económicos altos o medios de aquellos otros estudiantes que provengan de familias pobres o con limitaciones económicas. En este sentido, las políticas educativas de inversión pública siempre han ayudado a evitar la desigualdad o brecha en el acceso a la tecnología por motivos socioeconómicos y su desaparición, evidentemente, no es una buena noticia.
3-MOOCs, Flipped Clasroom, gamificación… muchos expertos consideran que estas “nuevas metodologías” están o van a provocar disrupción en cómo entendemos la clase tradicional. Como catedrático en didáctica y experto reconocido hace años ¿cuál es tu opinión? ¿Crees realmente que un cambio se producirá en estos términos?
Creo que hay más moda o ruido publicitario que realidades tangibles en las prácticas educativas. Los términos que indicas (MOOCs, gamificación, flipped, y otros similares) circulan más en los twitter o blogs de los expertos que en las palabras que utilizan a diario la mayoría de los maestros y profesores. Además son conceptos originarios de los ámbitos anglosajones y, a veces, los usamos en nuestro país sin la suficiente adecuación a nuestra realidad. Quienes llevamos muchos años trabajando en el campo de la Tecnología y la Educación hemos asistido de forma continuada a los anuncios de la “revolución educativa” que provocaría cada artefacto tecnológico.
Recuerdo que se dijo lo mismo, hace varios años atrás, del vídeo educativo, del circuito cerrado de televisión,  de la enseñanza programada, del multimedia interactivo, etc.  Supongo, como ha pasado en muchas ocasiones, que encontraremos experiencias de MOOC o de flipped classroom altamente valiosas y pedagógicamene innovadoras, pero una cosa son experiencias aisladas y otra la transformación radical o profunda de nuestros sistemas educativos. Esto último es más complejo y complicado. Mi posición es que estemos atentos y abiertos a experimentar todas las nuevas propuestas con TIC, pero manteniendo siempre un punto de prudencia y escepticismo crítico sobre las mismas para evitar caer en la aceptación acrítica de las modas tecnológicas que anuncian que transformarán la educación.
4-En los últimos debates educativos producidos en la sociedad española se incide en la importancia de la formación del profesorado como pieza clave para una educación que mejore los resultados. ¿cómo ves la actual formación del profesorado? ¿Cuáles son los factores sobre los que habría que actuar?
Coincido plenamente en la relevancia de la formación del profesorado como elemento esencial para la mejora de nuestro sistema educativo. En este sentido, distinguiría lo que es la formación continua o permanente del profesorado en ejercicio que la desarrollan el Ministerio, las Consejerías, los sindicatos, los colegios profesionales, …, de la formación inicial del futuro profesorado que la asume la universidad. En el primer caso, se ha invertido mucho dinero y se han ofertado numerosos cursos y actividades vinculadas con el desarrollo de la competencia digital de los profesores. Y poco a poco va notándose que muchos docentes ya son usuarios habituales de la tecnología digital bien con PDI, con la web, o con aulas virtuales tipo Moodle. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer porque las prácticas educativas de aula, en la mayor parte de casos, siguen empleando tímidamente las TIC y no siempre con metodologías educativas innovadoras.
Por otra parte, en la formación inicial de profesores de Educación Infantil, Educación Primaria o de Secundaria curiosamente la asignatura de “Nuevas tecnologías aplicadas a la educación” ha desaparecido o simplemente aparece como una materia optativa en los planes de estudio, cuando hace unos años atrás era una materia obligatoria para quienes quisieran ser docentes. Lo cual es contradictorio y absurdo en estos tiempos digitales. Espero que las autoridades –tanto las políticas como académicas- tomen conciencia de ello e incorporen adecuadamente el conocimiento y competencia en TIC al curriculum formativo de los futuros docentes.
En un caso y otro creo que el factor clave sobre el que actuar es desarrollar en el profesorado la competencia pedagógica de uso de las TIC, más que la mera adquisición de habilidades instrumentales de conocimiento del software. Evidentemente es necesario conocer las herramientas o aplicaciones informáticas, pero más relevante es saber planificar y poner en práctica situaciones didácticas con las mismas para que el alumnado desarrolle aprendizaje valiosos y ricos tanto cognitiva como emocionalmente.
5-Redes sociales, blogs…siempre has sido usuario de estas herramientas. ¿Qué cambio ha provocado su expansión en el ámbito educativo? ¿Es una oportunidad para promover aspectos como el aprendizaje colaborativo, el desarrollo de proyectos…?
Todas estas herramientas de publicación y comunicación que nos trajo la web 2.0 son altamente valiosas para el mundo educativo. En estos momentos casi todos los centros educativos –sean de Primaria, de Secundaria, Adultos o FP- disponen de sus portales web donde publican noticias del centro o las actividades que desarrollan. Por otra parte, muchos profesores con sus alumnos generan blogs para difundir los trabajos o proyectos que desarrollan. Están proliferando redes o comunidades online de profesores que permiten el intercambio de experiencias, materiales, de aplicaciones o de informaciones de interés para el ejercicio profesional de la docencia. Por otra parte, estas herramientas también están permitiendo que los alumnos puedan ser creadores de contenidos y publicarlos digitalmente sin un alto coste económico. Creo que esto es uno de los fenómenos más interesantes: los blogs, las wikis, los espacios compartidos tipo Drive o Dropbox, o herramientas como las líneas de tiempo, los murales online, etc. están propiciando que nuestros estudiantes desarrollen un aprendizaje más activo y sean  constructores del conocimiento, y no meros receptores de información.
6-¿Cuál es el propósito de la educación?
Si tuviera que decirlo en pocas palabras: El desarrollo cognitivo, social, emocional y físico de una persona para que se integre y disfrute de la cultura y sociedad en la que vive 

20 enero, 2014

Elogio de la desconexión consciente (Slow Tech)

Hiperconectividad_Post Area 2_4Me encanta estar conectado. Necesito mi dosis diaria de conexión, entre otras razones, porque las TIC están permitiendo que independientemente del lugar donde esté y del momento del día pueda mantener un fluido intercambio de mensajes con otros, buscar aquella información que preciso, consultar las noticias, trabajar o disfrutar con un videoclip. Me gusta tener conexión plena, permanente e ininterrumpida de forma me sienta un sujeto ubicuo. La única condición necesaria es estar conectado al ciberespacio mediante el artefacto o gadget tecnológico oportuno –sea el smartphone, la tableta o el ordenador personal. Incluso ya se ha inventado el concepto de wearable technology o tecnología que va pegada a nuestro cuerpo de forma permanente como la ropa, un reloj o unas gafas.
Sin embargo, la hiperconectividad satura y, en ocasiones, genera problemas. Por ello, es muy relevante y necesario aprender a seleccionar los tiempos de desconexión. Puede parecer fácil, pero en los tiempos actuales no lo es.  La desconexión significa renunciar a dar prioridad a la comunicación digital. Significa otorgar a la máquina un papel secundario respecto a las personas con las que estamos presencialmente. Y casi nunca lo hacemos. Fijémonos en las conductas cotidianas con nuestros móviles, tabletas o PC. Cuando estamos conversando con alguien y suena el aviso de un mensaje atendemos inmediatamente a la pantalla. Cuando entramos en un avión lo último que hacemos es apagar el teléfono (porque nos obligan), y lo primero que hacemos, antes de salir de la aeronave, es encender nuestro smartphone. De forma habitual se producen situaciones donde el uso de la tecnología es disfuncional socialmente, incluso maleducada. Recuerdo que en la celebración de una oposición en un concurso a cátedra universitaria, tres de los cinco miembros del tribunal estaban más atentos y preocupados por el aparato tecnológico con el que estaban conectados que con la exposición que realizaba la persona opositora. En otra ocasión cenando con unos amigos, uno de los comensales fue recriminado porque su dedicación al teléfono móvil era tan abrumadora que nos hizo sentir incómodos y ninguneados a quienes allí estábamos.
La desconexión voluntaria, intencional o consciente tal como la sugiero es asumir o participar en la filosofía del denominado movimiento slow. Desde hace unos años se está reivindicando una desaceleración del frenético y estandarizado modo de vida urbana que básicamente consiste en defender un estilo de existencia vital más sosegado, tranquilo y humanizado en busca de mayor bienestar y equilibrio personal. Así por ejemplo, en la comida (frente al fast food o alimento macdonalizado) ha surgido el concepto slow food de cocina lenta, placentera y diversificada, en el campo de la moda el slow fashion, o en el ámbito del urbanismo el concepto cittaslow. De modo similar a este planteamiento han empezado a surgir voces que reclaman que tenemos que aprender a seleccionar los tiempos de conexión y desconexión a la tecnología. Es lo que empieza a configurarse como el movimiento slow tech y que cuenta incluso con un día de la desconexión o “unplugging day”. De modo similar hay voces que reclaman unos slow media o “medios de comunicación lentos” como Arianna Huffington o  el The Wall Street Journal. También pueden encontrarse más opiniones en distintas entradas a blogs y otros artículos.

La capacidad para tomar decisiones intencionales para realizar un uso consciente y crítico de la tecnología no surge espontáneamente. Esta competencia necesita ser educada. Requiere de una persona con conocimientos tecnológicos básicos, con un acerbo cultural sólido, con una identidad plena y equilibrada de sí mismo y que disponga de valores y principios anclados en la ética democrática. Por ello, considero que en el contexto de la educación escolar así como en la educación informal desarrollada en el contexto de los hogares hay que “educar para la desconexión”, para que un niño o adolescente aprenda a controlar el uso que realiza de la tecnología, y no al revés. Todo ello sería parte de lo que conocemos como alfabetización o competencia digital.
Por una parte, hemos de educar para tomar conciencia de que vivimos en una sociedad donde estamos sometidos al control, observación y espionaje de todos nuestros datos digitales (de los cuales se apropian las empresas para su comercialización y venta a otras empresas, o que utilizan sin recato los poderes gubernamentales bajo el paraguas de la seguridad), por lo que cualquier ciudadano debe saber que solamente las actividades que realizamos sin conectividad conservan la posibilidad de ser privadas. Desconectarse conscientemente, en consecuencia, también es evitar la vigilancia y el control permanentes y por tanto hacer uso pleno de la libertad como ciudadano y sujeto.
Por otra parte, la filosofía de la desconexión, del unppluging o slow tech significa reclamar tiempos y espacios privados e íntimos en el quehacer diario para atender a los demás, y también a uno mismo. Ello redundará seguramente en aprender a disfrutar y focalizar la atención en las experiencias sensitivas que nos proporcionan los objetos, los paisajes, las personas, o los acontecimientos que nos rodean y que son próximos. La desconexión consciente es aprender a recuperar el placer de lo empírico, de lo cercano, de lo sensorial. Es otorgar prioridad, al menos por un periodo de tiempo concreto de unas horas o unos días, a nuestras vivencias como sujetos inmersos en un medioambiente o ecosistema natural. Es recuperar, en definitiva, la materialidad de lo que nos rodea y sentirnos parte de un mundo formado por átomos y no solo por bits.

Este post lo escribí  y fue publicado para el blog "Traspasando la línea" de EL PAÍS y que coordina Albert Sangrá. Puedes acceder al texto original

17 septiembre, 2010

A contracorriente (2): Frikis convertidos en gurús

No sé muy bien lo que es una persona friki. Quizás yo sea uno. Es una de esas palabras de moda y, en consecuencia, polísémica donde cada uno le otorga el significado que considera más oportuno. En wikipedia dicen que es "un individuo que se muestra inusualmente interesado u obsesionado por un tema particular; o aquellas personas específicamente interesadas (en algunos casos de manera obsesiva) hacia los temas de la llamada "cultura friki" (ciencia ficción, la fantasía, el manga, el anime, los videojuegos, los cómics y la informática, entre otros).

Los frikis digitales 


Curiosamente, dentro del mundo digital, hay mucho friki. En los actuales tiempos han empezado a proliferar los individuos que, por uno u otro motivo, están más cómodos y seguros ante una máquina con teclado y pantalla que ante otro ser humano. Recuerdo como hace pocos meses atrás, en uno de esos congresos/jornadas/workshops que ahora tanto abundan sobre las TIC, un joven -que aparentemente reunía los atributos de friki digital- habló, seguramente sin darse cuenta, mirando más tiempo hacia una pizarra colgada en la pared (es decir, dándole la espalda al público) que hacia los que allí estábamos presentes. Esto pasa mucho con los powerpoint y similares: el orador en vez de buscar comunicarse con las personas, se pone a leer el texto (no explicarlo) mirando hacia la pantalla.

Supongo que uno no nace friki, sino que se va haciendo con el tiempo. A más tiempo de interacción con las computadoras más probalidades de pertenecer a frikilandia. En ese sentido, yo soy casi un friki digital, pero como fui criado en el culto al papel, todavía cultivo un cierto gusto por el olor a tinta, al sosiego de la lectura larga, y al blanco y negro de la letra impresa. Todo esto me ha "salvado" de ser un friki al uso, pero reconozco que estoy colgado de una computadora todo lo que puedo.

Los frikis a los que me estoy refiriendo –sobre todo los que han convertido al “software libre” como narrativa utópica que salvará a nuestra civilización- suelen ser varones, tener menos de treinta años, manejan software totalmente extraño, acceden y manipulan bases de datos o computadoras que existen en algún lugar ciberespacio, son fanáticos de linux, ubuntu y similares, hablan un lenguaje extraño de códigos, palabras en inglés y conceptos abstractos, etc. Este sentimiento o sensación de pertenecer a una casta que vive experiencias y posee habilidades ignoradas por la gran mayoría de los sujetos normales provoca que caigan en la tentación de transformarse en gurús. Son tan frikis que interaccionan fácilmente con otros colegas o frikis similares a través de la máquina, pero, en muchas ocasiones, tienen dificultades en la comunicación humana presencial. Y esto debiera ser preocupante.

El gurú es necesario: nos ilumina en la confusión


Y ¿qué es un gurú?. El diccionario de la RAE la define como "Persona a quien se considera maestro o guía espiritual, o a quien se le reconoce autoridad intelectual". En un sentido amplio podríamos entenderla como una persona iluminada y que da luz a sus seguidores. Y en estos tiempos de confusión y crecimiento desmesurado de la tecnología han empezado a proliferar muchos en el ciberespacio. 

En este sentido podríamos afirmar que la Web 2.0 tiene sus propios gurús que están omnipresentes digitalmente en blogs, microbloggings, videos de conferencias, ... Sus opiniones, informaciones, reflexiones y demás ideas son tomadas en consideración y son replicadas de forma viral -como se dice ahora- en otros muchos blogs y canales de RSS. Por supueto Twitter y Facebook son también herramientas en la difusión de la "buena nueva" del gurú correspondiente.

Reconozco, por supuesto, que soy seguidor de alguno de estos gurús/maestros/profetas informáticos -tanto nacionales como de otros países- ya que me ofrecen nuevas ideas, noticias, reflexiones sobre lo digital en sus múltiples planos (sobre avances tecnológicos, de tendencias o nuevas prácticas sociales, reflexiones teóricas, …). Por ello quisiera expresar mi respeto intelectual y reconocimiento a estos personajes y que-si me permiten- no daré aquí ningún nombre concreto. Cada uno tiene sus propios gurús que sigue a través de RSS.

Los fans y los eslogans


Quisiera, en todo caso, llamar la atención sobre dos efectos o fenómenos que los rodean y que no me gustan. Uno es convertirse en creyente y/o profeta local donde se tiende a reproducir acríticamente lo que se ha leído u oído a alguno de estos "popes" o "gurús" famosos. Es asumir la fe en el gurú y convertirse en fan del mismo. Por otra parte, y es el segundo fenómeno que critico es que está proliferando un discurso basado en la repetición de eslogans. De este modo, la reflexión se convierte más en un eslogan que en una idea razonada. Por ejemplo términos como "inteligencia colectiva", "conocimiento libre", "arquitectura social", "plataforma de emociones" entre otros. Un análisis profundo de estos términos nos lleva, a veces, a descubrir que debajo de los mismos solamente hay tópicos, o frases más próximas a la publicidad y al marketing que al pensamiento o ensayo cultural elaborado.

¿Cuántos de nosotros no reproducimos en nuestros blogs, charlas o conversaciones estos conceptos de un modo superficial e instantáneo de forma que al nombrarlos nos creemos cargados de razones?. ¿Cuántos de nosotros repetimos sin pensarlo mucho, a modo de mantra, que somos una inteligencia colectiva o que la web 2.0 persigue el conocimiento libre? ¿De verdad se lo creen? Por favor, deténganse a pensar qué es la inteligencia, si es individual o puede ser grupal, si lo que circula en la red es realmente conocimiento, o es mera información, si libre es igual a gratuito, etc. etc.

Los educadores tenemos mucho de friki y algo de gurús


Antes, en todas las civilizaciones humanas anteriores, llegar a ser gurú o maestro era un proceso que llevaba mucho, mucho tiempo de aprendizaje experiencial, de reflexión, de meditación, de estudio, de debate, de recogimiento, de crecimiento personal, y la condición de maestro se alcanzaba en la edad madura. Lo sorprendente de este tiempo moderno que nos ha tocado vivir es que ahora los maestros o gurús (de la sociedad digital) suelen ser sujetos friki que viven aceleradamente, que están pegados a una computadora leyendo y escribiendo de forma constantemente acelerada –para estar a la última-, que están en mil redes sociales enviando y recibiendo mensajes, que precisan estar conectados permanentemente a la Red con diversos dispositivos o gadget electrónicos, que viajan para impartir un curso o conferencia y salen corriendo para participar en otra, que discuten y se acaloran en debates públicos, … 

Ahora, el reposo, el sosiego, la meditación, la calma, la reflexión pausada no es una condición necesaria para ser gurú. o maestro Al contrario, todo hay que realizarlo deprisa, muy deprisa para no volverte antiguo. Curioso ¿no? En definitiva, siento simpatía por los frikis y los gurús, aunque desconfío de los fanáticos. De hecho pienso que los educadores que estamos entusiasmados con la cultura digital tenemos mucho de friki y algo de gurús. ¿Tú no lo eres?

06 septiembre, 2010

A contracorriente (1): Prefiero las cartas a los telegramas: No me gusta ni Facebook ni Twitter


Hace varios meses atrás me inscribí en dos de las redes o servicios de comunicación social -social media- de moda en estos últimos tiempos en España: en Facebook y en Twitter. Me apunté, entre otras razones, por el entusiasmo con el que me hablaban algunos colegas a los que respeto mucho y sentía curiosidad por probar y experimentar lo qué ocurría en su interior,  y de este modo inferir sus potencialidades como recursos para la cultura y la educación. Después de estos meses ¿qué he aprendido? ¿qué opinión me he formado sobre las mismas?.

Escribe breve, rápido y sé divertido
Lo más llamativo que uno descubre es que la comunicación en estas redes se produce a través de un torbellino de frases cortas, a modo de telegramas, que la gente escribe de forma ininterrumpida sobre su vida profesional, sobre su ocio, sus aficiones, sus viajes, sus fiestas, sus opiniones políticas, o sobre cualquier otra faceta. En la mayoría de los casos son expresiones breves, divertidas, amables, ocurrencias escritas a vuelapluma.

He percibido que, el comportamiento de los adultos en estas redes no se diferencia del que desarrollan los adolescentes en las mismas: subir fotografías de una fiesta, de un viaje, de una cena; comentar las fotos en las que aparecen los amigos/as, saludar al conocido de trabajo o al excompañero de la época escolar, comentar la última película que se ha visto, criticar una determinada noticia política, incorporar el enlace a una web o blog que le ha interesado, etc. En conjunto, tanto Facebook como Twitter (al igual que otras redes de social media como Tuenti, Hi5, y similares) proporcionan información superficial, ya que solamente permiten la comunicación rápida, breve e instantánea.

Mi experiencia en estas redes me recordó a lo que me sucedió con los antiguos canales del IRC (Internet Relay Chat) de hace quince años atrás. Confieso que cuando descubrí la IRC me entusiasmé porque interaccionaba con otras personas en tiempo real a través de la escritura. Me divertía y pasé muchas horas en aquellos canales buscando grupos afines, jugando con las palabras y flirteando. Pero pronto me cansé ya que las conversaciones eran absolutamente triviales e intrascendentes. En pocas palabras, me resultaron anodinas desde un punto de vista cultural. Eran un mero divertimento.

Las redes como fábrica de emociones

Reconozco que hay algo en las redes sociales que tienen un poderoso potencial embriagador para los humanos: nos provocan emociones. Participar en las mismas tiene más que ver con el mundo de los sentimientos, que de la racionalidad. Al igual que ocurre en el mundo real, encontrarnos con alguien conocido en la red nos impacta emocionalmente y tendemos a intercambiar mensajes afectivos (saludarnos, preguntar qué tal estamos, recordar viejos encuentros, deseos para el futuro, compartir una noticia personal, etc.). De este modo, los espacios web de las redes sociales están llenas de informaciones, datos, noticias, fotos, videos, mensajes, textos, … que tienen que ver con la vida íntima y personal de sus miembros. Las redes sociales están teniendo el éxito que tienen porque generan lazos emocionales de pertenencia a un determinado colectivo o grupo social con el que interaccionamos. De hecho, utilizamos el término “amigos” para referirnos al número de personas que están conectadas con nuestro perfil de usuario. Pero intelectualmente, las redes sociales son limitadas en varios aspectos.

La cultura del telegrama

Lo más preocupante, desde mi punto de vista, es la extensión y consolidación de lo que denomino como “cultura del telegrama” (telegram culture) que son potenciados por las características comunicativas que permiten Facebook, Tuenti o Twitter. Los adultos que fuimos educados en la cultura impresa ya no utilizamos las formas epistolares –de carta- para comunicarnos con nuestros familiares, amigos o colegas. Antes de la aparición de la tecnológica digital redactábamos cartas largas destinadas a la novia o amigo de turno, que nos obligaban a dedicar tiempo a una escritura pausada, lenta y reflexiva. Esta cultura epistolar es todo lo contrario de la cultura del telegrama donde prima la economía de las palabras, y prima también la urgencia en hacerlas llegar al destinatario. Esta descripción ¿no podríamos aplicarla a lo que es Twitter?.

Con la comunicación en las redes digitales, tanto nosotros como los jóvenes, estamos perdiendo la competencia para escribir o leer textos escritos de cierta complejidad. Esto significa que nos estamos atrofiando como sujetos que dominan las formas expresivas para la redacción de textos prolongados y extensos, coherentemente argumentados y que estén construidos siguiendo una secuencia de inicio, desarrollo y conclusión. La mayoría de los textos de las redes sociales, por el contrario son breves, espontáneos, cortos y poco meditados. Es el triunfo de la inmediatez comunicativa frente a la reflexión intelectual. Es el triunfo de la escritura del SMS, y no del texto narrativo.

Reconozco que este tipo de comunicación en formato de telegrama es necesaria –siempre lo ha sido en la historia de la sociedad moderna- y muy útil. Gracias a los telegramas hemos podido transmitir en poco tiempo noticias urgentes y relevantes a otras personas. Por ello, lo positivo de Twitter o Facebook es poder enviar estos telegramas a muchas personas, de forma fácil, en directo y sin intermediarios. Responde, de algún modo, al concepto de prosumer (productor/consumidor) de información que potencia la horizontalidad comunicativa frente a los modelos jerárquicos de los medios de comunicación tradicionales.

Retransmitiendo la vida real: el tuitteo como exhibicionismo

Lo que cuestiono y critico es convertir esta forma comunicativa de la brevedad en un formato de escritura permanente que se solapa con la vida real. Me explico. Hay un verbo –aún no aceptado por la RAE, pero que ya empleamos muchos cibernautas- que se denomina “tuittear” que consiste en que escribir en Twitter mensajes simultáneamente a un hecho que está ocurriendo. Por ejemplo, comentar una conferencia a la vez que se impartiendo, reproducir discusiones de una reunión mientras ésta acontece, o informar en tiempo real de cualquier evento deportivo o musical en el que uno está presente.

Cada vez es más habitual encontrarse con este tipo de individuos que más que atender a lo que ocurre a su alrededor están tecleando de modo compulsivo su portátil o netbook. ¿Los han observado en medio de una charla, curso o conferencia? Están más preocupados con el texto que producen –y las reacciones de otros cibernautas- que por el propio hecho o acontecimiento al que asisten. El problema que planteo es que si leen los textos escritos en estos “tuitteos” la mayor parte de los mensajes son reproducciones de frases inconexas y aisladas que han oído al conferenciante o han copiado del power point expuesto; o son simplemente valoraciones o ideas que de forma inmediata le vienen a la cabeza al tuittero por lo que carecen de la suficiente meditación o reflexión. Por ello, suelen ser frases cargadas de valor emocional tipo “me encanta”, “me parece aburridísimo”, “es una chorrada”, “aprecio y apoyo lo dicho por…”, entre otras muchas expresiones. Lo que se escribe son ocurrencias, no ideas.

La tendencia general, en Twitter o en Facebook, es contar lo que esa persona está haciendo o pensando en ese mismo momento: qué canción está oyendo, en qué ciudad se encuentra uno, qué web, blog o videoclip acaba de visitar. Existe una irrefrenable tendencia a hacer público lo que es una experiencia personal, a convertir la intimidad en un objeto abierto a la mirada de los otros. Es el concepto de lifestreaming, muy de moda actualmente en los círculos del social media. En el lenguaje políticamente correcto, se dice que es “compartir”, pero a mí me parece, que en muchas ocasiones, lo que sucede es una especie de striptease de la vida privada que tiene mucho más de exhibicionismo que de colaboración o cooperación social. Quizás el problema sea mío y mi pudor me impide apreciar adecuadamente este tipo de mensajes como relevantes o valiosos.

Supongo que este fenómeno responde a una tendencia sociocultural más amplia que se manifiesta en muchos otros espacios de la comunicación. Me refiero, por ejemplo, al crecimiento de los denominados “reality shows” que tanto éxito tienen en las televisiones de masas (aquellos programas que retransmiten durante 24 horas lo que un grupo de personas están haciendo). Es el éxito del exhibicionismo a través de la cámara, o si se prefiere, de la retransmisión de la vida en directo. De algún modo, Facebook, Tuentti o Twitter serían lo equivalente en el ámbito de las redes sociales: la exhibición de nuestros gustos, opiniones, fotografías, canciones, páginas web, etc. a los demás (que en lenguaje correcto, se dice que son nuestros “amigos”). Ver este artículo en Publico.es

La responsabilidad de los educadores

En definitiva, digo que no me gusta Facebook o Twitter porque no me atrae la exhibición de lo que pertenece a la esfera de la experiencia e intimidad  personal y porque no me gusta leer meras ocurrencias escritas telegráficamente. Lo que considero valioso es escribir y leer textos bien argumentados, correctamente redactados y reflexivos. El problema, como ya dije, no es la existencia de estos canales de comunicación espontánea y rápida, sino que los mismos se están convirtiendo, para muchos sujetos, prácticamente en la única forma de comunicación digital.

Nosotros los educadores tenemos que ser conscientes de que ello pudiera ser una rémora o perjuicio para la formación de competencias culturales plenas y de calidad en los adolescentes y jóvenes. Está bien participar en las redes sociales, pero no nos olvidemos que para un maestro o educador lo relevante es formar ciudadanos cultos, críticos e inteligentes. Y por ello, tenemos que saber que las formas de escritura propias de Facebook, de Tuenti, o Twitter no favorecen ni potencian competencias culturales basadas en la reflexión racional. Ésta solamente se cultiva con la lectura y análisis de textos narrativos coherentes y extensos sean de literatura, de periodismo, de ciencia, o de ensayo. Las redes sociales son simplemente eso: redes sociales, no necesariamente espacios de aprendizaje formal.

01 septiembre, 2010

A Contracorriente (0): Lo que no me gusta de la Web 2.0

Una confesión: pronto voy a cumplir 50 años. Medio siglo. Hasta hace pocas décadas atrás cumplir esta edad era entrar en la categoría de los viejos. Hoy decimos que estamos en la mediana edad, o que somos adultos maduros. Al menos así me siento. Un aspecto interesante de haber vivido medio siglo es que me otorga –o al menos así me lo creo- una cierta distancia del presente, y eso me da confianza para poder hablar de la actualidad teniendo en cuenta la experiencia pasada. Soy ya un veterano en el uso de la tecnología digital. Viví, con poco más de veinte años, la aparición del primer PC (allá en 1982) y enseguida empecé a trabajar con ellos. Era adulto joven cuando apareció Internet (allá a mediados de los noventa) y me entusiasmé con sus posibilidades cuando todavía era un territorio inexplorado y desconocido.

Decía que estoy a punto de cumplir los cincuenta años y, habiendo probado de todo con la tecnología, me van a permitir que sea políticamente incorrecto y decir públicamente cosas que, en el discurso actual de la blogosfera, son contracorriente. Mis ideas y valoraciones – quiero dejarlo claro- no están escritas desde la tecnofobia que acompaña a muchos colegas de mi generación y de otras anteriores, sino que son fruto de la experiencia y conocimiento que he ido acumulando con el uso de la tecnología digital a la que llevo enganchado desde hace más de dos décadas.

Internet ha sido, y sigue siendo para mí, un espacio mágico donde no sólo trabajo, me divierto, me comunico,… sino que es parte necesaria de mi realidad cotidiana. Soy un habitante del ciberespacio, y esto significa que paso muchas horas diarias en la web haciendo múltiples actividades: escribo en este blog que estás leyendo, leo textos de otros blogs, imparto docencia a través de aulas virtuales, administro una comunidad virtual de docentes en una plataforma de redes sociales, abro varias veces al día mi correo electrónicamente, elaboro y publico muchas presentaciones multimedia en la red, constantemente estoy curioseando y probando nuevos recursos o herramientas on line, busco música y la descargo en formato MP3, compro y planifico viajes a través de Internet, mantengo un sitioweb personal en el que difundo mis trabajos académicos, veo videoclips de todo tipo – de humor, de entrevistas, de programas de televisión, musicales, …-, en fin, que soy un habitante activo del ciberespacio.

Desde que tuve mi primera dirección de email –allá en 1993/94- y, en consecuencia, fui visible digitalmente, han pasado muchas cosas en Internet: la proliferación de los sitios web, el surgimiento y crisis de las empresas punto com, el proceso de popularización y acceso masivo a la Red, el incremento de la carga y descarga de ficheros desde el ruidoso modem de 28,8 Kbps. al silencio de los actuales router ADSL con conexión wifi que descargan varios megas, la digitalización de los servicios administrativos, bancarios, comerciales, educativos, audiovisuales, periodísticos, el surgimiento de las redes sociales y los cambios culturales que se están produciendo en los jóvenes por el uso y abuso de la tecnología, la mercantilización de los contenidos y servicios on line, etc. De la web 1.0 hemos pasado a la 2.0 y pronto a la3.0.

Me encanta Internet y la digitalización de la información y la cultura. Pero hay muchas cosas de lo que está ocurriendo hoy en día en la Red que no me gustan. Y quisiera decirlo públicamente. Para ello, a lo largo de los próximos días y semanas, iré publicando en este blog lo que no me gusta de la actual Internet, es decir, de la web 2.0.

Voy a iniciar una serie de entradas o pequeños artículos donde iré a contracorriente. Me gustaría dejar claro que no pretendo expresar mi disgusto con la tecnología actual, sino mostrar mi malestar con ciertas conductas sociales –y por tanto humanas- que se están produciendo con dicha tecnología. Lo que critico no es la web 2.0 y sus beneficios para construir una sociedad más democrática, plural y solidaria: conocimiento libre, redes sociales, intercambio de información, fácil publicación y acceso, etc. Mis críticas son hacia ciertos comportamientos sociales, económicos y culturales que se están produciendo con los actuales recursos de la web 2.0  y que muchos cibernautas, sin querer, están potenciando. Lo que sigue son dardos –como decía Lázaro Carreter- hacia prácticas de la Web 2.0 que poco ayudan a desarrollar una Internet más democrática en el proceso de construcción colectiva y plural de la cultura y el conocimiento.

Estos diez pequeños dardos se titulan del siguiente modo:

-          Tecnología maleducada
-          Conocimiento fastfood. Mucha información genera ignorancia
-          Internet no existe. Los internautas sí
-          Lobos con piel de cordero
-          Personalidades cruzadas
-          Los eslogans que sustituyen al pensamiento elaborado
-          La incontenible afición al último gadget
-          Epilogo