
La primera parte del libro está dedicada a identificar los rasgos o fenómenos más destacables de la sociedad contemporánea, de tránsito entre el siglo XX al XXI y a la que los expertos le han puesto diferentes nombres: sociedad de la información, del conocimiento, postindustrial, postmoderna, entre otros muchos. ¿Cuál es la denominación más acertada? Todavía no lo sabemos porque necesitaremos seguramente que pasen varias décadas para identificar con certeza los rasgos más definitorios del tiempo que vivimos.
Desde mi punto de vista el presente siempre es una estación de tránsito hacia un destino indeterminado. Por ello produce vértigo y desasosiego. A lo largo de las últimas décadas hemos ido tomado conciencia de que el progreso humano no sigue una secuencia lineal hacia algún tipo de paraíso definido al que está predestinada la humanidad. Todo lo contrario. Sabemos que la especie humana es una más entre las miles de especies vivas que habitan este planeta perdido en un extremo de una de las incontables galaxias que configuran el universo conocido.
En tiempos pasados este vértigo sobre la incertidumbre futura nunca fue tan evidente y notorio como en la actualidad. Es lo que podríamos etiquetar como la condición postmoderna de la civilización occidental: descreída, relativista y trufada de pesimismo existencial. Es la era del vacío que adopta la forma del pensamiento líquido[1].

De todo este conjunto de fenómenos la digitalización de la información basada en la utilización de tecnología informática es, quizás, la gran revolución técnico-cultural del presente y que seguramente marcará, al menos en parte, el futuro a corto y medio plazo de nuestra civilización. El uso generalizado de las llamadas nuevas tecnologías de la comunicación e información (computadoras, equipos multimedia de CD-ROM, redes locales, Internet, televisión digital, telefonía móvil, ...) en las transacciones económicas y comerciales, en el ocio y el tiempo libre, en la gestión interna de empresas e instituciones, en las actividades profesionales, ..., es un hecho evidente e imparable apoyado desde múltiples instancias y al que pocos le ponen reparos.
Ciertamente las tecnologías digitales no son las causantes directas de las profundas transformaciones del mundo en que nos encontramos, pero sin las mismas nuestro presente no sería como es. Existe una interacción dialéctica, simbiótica entre las tecnologías y el contexto social, cultural y económico en que se emplean. Sin una economía capitalista defensora del mercado libre a nivel planetario, sin una sociedad de consumo en masa de bienes y productos culturales, sin la hegemonía política y económica de la cultura occidental, difícilmente las tecnologías digitales hubieran tenido el avance y desarrollo fulgurante producido en estos últimos años. Y viceversa, sin la presencia de las redes telemáticas, ni de los medios de comunicación sociales, o de los ordenadores personales, probablemente el fenómeno de la globalización política, cultural y económica no sería una realidad tal como la conocemos en el presente.
Por otra parte, las tecnologías de la información y comunicación también inciden notoriamente en el proceso de cosificación de la información y cultura (fenómeno, que como veremos más adelante, tiene su propia traducción en la mercantilización de la actividad pedagógica). La información se ha convertido en un producto o materia valiosa sometida a procesos de generación y difusión industriales similares a los que se utilizan con cualquier otro producto. El sector industrial que comercia o apoya sus actividades económicas en la información (medios de comunicación de masas como la televisión o el cine, las empresas de software, el sistema financiero, las industrias del ocio y entretenimiento, las telecomunicaciones, etc.) representa un sector en constante crecimiento y cuyo volumen económico está desplazando, o al menos compitiendo, con los sectores pertenecientes a la economía representativa de la segunda revolución industrial (automóvil, petróleo, industrias eléctricas).
En esta primera parte del libro también abordo lo que denomino los discursos sociales sobre las tecnologías de la información y comunicación digitales. La pregunta clave sobre la que reflexiono, es ¿qué modelo de sociedad de la información queremos construir y qué papel juegan las nuevas tecnologías en ese proceso?. Ciertamente responder a esa cuestión es plantearse un problema político más que técnico. Las respuestas, indudablemente, son variadas. Distintos sectores o grupos ven en las tecnologías digitales la panacea del progreso de nuestra civilización prometiéndonos un mundo feliz basado en el bienestar material generado por este tipo de máquinas inteligentes. Por el contrario, existen otros análisis que describen a las tecnologías de la información y comunicación como el triunfo de un modelo de sociedad tecnocrática, deshumanizada y basada en criterios meramente mercantiles.
En un próximo post desarrollaré las características de dichos discuros que describo en el cita do libro ........
[1] Como pueden suponerse es un juego de palabras con los títulos de las obras de Lipotvesky y Bauman.
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