04 febrero, 2008

El desarrollo de competencias informacionales y digitales en el alumnado como eje para el uso pedagógico de las TIC en las aulas


Hace unos días publiqué un post titulado ¿Las TIC están generando innovación pedagógica en las aulas? Lo que nos dice la investigación?. Ese mensaje recibió bastantes más visitas de lo habitual e incluso varias personas dejaron sus comentarios. Agradezco a todos ellos el interés manifestado. Asimismo he de informar que dicho mensaje era un apartado de un reciente artículo que acabo de escribir para la Revista Investigación en la Escuela (el cual todavía no está publicado). Este nuevo post es parte de dicho artículo y lo doy a conocer a los seguidores habituales de este blog. Espero que también sea de vuestro interés

El desarrollo de competencias informacionales y digitales en el alumnado como eje para el uso pedagógico de las TIC en las aulas

Es evidente que uno de los retos más sustantivos a corto y medio plazo de cualquier política educativa sobre la integración escolar de las TIC debiera ser la generalización entre el profesorado de un modelo pedagógico que justifique y de sentido a las prácticas de enseñanza y aprendizaje que se desarrollan con ordenadores en las escuelas y aulas de modo que las tecnologías sean empleadas en una perspectiva innovadora desde un punto de vista psicodidáctico. La mayor parte de la documentación oficial y gubernamental europea así empieza a manifestarlo, al menos, formalmente en su documentación pública. En el contexto español, tanto el programa Internet en el aula como el CNICE (Segura, Candioti y Medina, 2007) enfatizan la necesidad de integrar curricularmente el uso de las TIC en la práctica de aula y de desarrollar prácticas valiosas e innovadoras para el aprendizaje. Prácticas de uso pedagógico de las tecnologías que, como veremos a continuación, debieran estar orientadas al desarrollo de las competencias básicas del aprendizaje, especialmente la referida al “tratamiento de la información y competencia digital”.


Una de las funciones sustantivas y que justifican la escolaridad es la alfabetización, es decir, el proceso de capacitación de un sujeto para que pueda acceder y comprender los contenidos y las formas simbólicas a través de los cuales se transmite el conocimiento y la cultura así como dominar las herramientas y códigos que le permitan expresarse y comunicarse socialmente. Durante estos dos últimos siglos alfabetizar fue enseñar a leer y escribir mediante los códigos textuales en materiales impresos.


Es evidente que hoy en día el concepto de alfabetización en la lectoescritura debe ampliarse abarcando e incluyendo nuevas fuentes de acceso a la información, así como dominar las competencias de decodificación y compresión de sistemas y formas simbólicas multimediadas de representación del conocimiento. Por ello, muchos autores hablan de conceptos como alfabetización múltiple, nuevas alfabetizaciones o multialfabetizaciones. Esta ampliación del concepto es comprensible y adecuada toda vez que las herramientas de comunicación actualmente son más complejas y están distribuidas a través de nuevos soportes y medios técnicos de comunicación. De este modo podremos hablar de alfabetización auditiva y/o musical, visual, audiovisual, digital, informacional, ... ya que los contextos, canales y formas de comunicación son diversos lo que implicará la necesidad de formar a los individuos y a las comunidades en la interpretación de los signos, iconos y textos propios de cada una de esas formas de comunicación o de utilización de tecnologías y lenguajes específicos.


Existe en nuestro contexto una importante producción teórica sobre las nuevas alfabetizaciones, especialmente las conocidas como alfabetización informacional o ALFIN, y la denominada alfabetización tecnológica o digital (Bauden, 2002; Gutiérrez, 2003, Snyder, 2004; Monereo y otros 2005). Estos trabajos, a pesar de sus lógicas diferencias, han puesto de manifiesto que la adquisición de destrezas de uso inteligente de las nuevas tecnologías pasa, al menos, por el dominio instrumental de las mismas junto con la adquisición de competencias relacionadas con la búsqueda, análisis, selección y comunicación de datos e informaciones cara a que el alumno transforme la información en conocimiento. Dicho de otro modo, la alfabetización en la cultura digital supone aprender a manejar los aparatos, el software vinculado con los mismos, el desarrollo de competencias o habilidades cognitivas relacionadas con la obtención, comprensión y elaboración de información y con la comunicación e interacción social a través de las tecnologías. A estos ámbitos formativos habremos de añadir el cultivo y desarrollo de actitudes y valores que otorguen sentido y significado moral, ideológico y político a las acciones desarrolladas con la tecnología.


En esta dirección una de las novedades más interesantes de los nueva curricula de la educación infantil, primaria y secundaria promovidos por la nueva Ley Orgánica de Educación (LOE) ha sido la incorporación del concepto de “competencias” básicas como uno de los elementos clave para la planificación y desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje (MEC, 2006). La publicación de los decretos ministeriales de mínimos de los curricula de Educación Primaria (BOE 8-12-2006) y para la Educación Secundaria Obligatoria (BOE 5-1-2007), entre otras novedades derivadas de la implantación de la LOE (Ley Orgánica de Educación), ha legitimado oficialmente un modelo de curriculum basado en el desarrollo de competencias comunes y transversales a todas las áreas y asignaturas que configuran estas etapas educativas. Se han propuesto ocho competencias básicas tanto en el curriculum de Educación Primaria como ESO entre las que se encuentra la denominada Tratamiento de la información y competencia digital la cual es definida en dichos decretos como:
“disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar y comunicar información, y para transformarla en conocimiento. Incorpora diferentes habilidades, que van desde el acceso a la información hasta su transmisión en distintos soportes una vez tratada, incluyendo la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación como elemento esencial para informarse, aprender y comunicarse... En síntesis, el tratamiento de la información y la competencia digital implican ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como las distintas herramietas tecnológicas, también tener una actitud crítica y reflexiva en la valoración de la información disponible, contrastándola cuando es necesario, y respetar las normas de conducta acordadas socialmente para regular el uso de la información y sus fuentes en los distintos soportes”.

La incorporación de esta competencia formativa a la educación básica al sistema escolar español significa reconocer oficialmente la indudable trascendencia de estos conocimientos y capacidades para el desenvolvimiento de los futuros ciudadanos en un contexto social en el que la información y la comunicación a través de tecnologías digitales es un fenómeno y realidad omnipresente en todos los ámbitos de la sociedad del siglo XXI. Este ámbito formativo, que en los decretos reguladores del curriculum escolar denominan como competencia en el tratamiento de la información y la tecnología digital, no es otra cosa que la revisión y actualización del ya veterano concepto de “alfabetización” adaptado a los nuevos tiempos digitales.


En este sentido, pudiéramos señalar que la formulación de esta competencia, tal como lo ha realizado el curriculum derivado de la LOE, supone fusionar el concepto de ALFIN y de alfabetización digital en un único planteamiento integrado. Hacerlo de este modo parece un planteamiento correcto y adecuado ya que ambas alfabetizaciones no deben plantearse como aprendizajes diferentes y ajenos uno al otro. Separar ambas alfabetizaciones, como se ha realizado en el pasado, corre el riesgo de caer en planteamientos simplistas y parcializados. Sin embargo, la formulación y legitimación de este competencia en el curriculum oficial es una condición necesaria, pero no suficiente ya que los procesos de innovación de las prácticas educativas en las aulas son complejos y su implementación requiere más elementos que su mera enunciación en los decretos ministeriales.


Seguiré en un próximo mensaje con estas ideas ........